HISTORIA DE LA CÁRCEL DE SANTANDER

Facebook
Twitter
Pinterest
LinkedIn

En realidad, habría que hablar de cárceles, en plural, porque en los últimos dos siglos ha habido varias dependencias penitenciarias en Santander, con independencia del principal centro penitenciario de Cantabria, sito en El Dueso. Pero aquí nos referiremos a los dos últimos emplazamientos de la Cárcel de Santander, una población que multiplicó por 8 su población durante el siglo XIX y por tanto se vio desbordada en aspectos como la atención hospitalaria, penitenciaria y de otros servicios.

Ésta es una de las píldoras de Historia local que os queremos contar, en referencia a la evolución de las oposiciones de Instituciones Penitenciarias en Santander, donde somos nos hemos dedicado a la preparación de oposiciones desde hace más de 30 años.



La Cárcel de María Egipciaca: primera cárcel moderna de Santander


Esto no quiere decir que fuera precisamente un modelo a seguir, hoy en día, sino que su forma de funcionar e instalaciones recuerdan más a un país en vías de desarrollo actual, como era entonces España. Y tampoco es que fuera el caso de Santander una rareza si lo comparamos con lo que podría estar pasando en este mismo tiempo en ciudades tan importantes como la propia capital de España. Y es que en la Cárcel Modelo de Madrid se dio un escándalo a nivel nacional por aquellos mismos días cuando su director, Millán Astray, padre del que luego fundase la Legión Española, fue acusado con bastantes mimbres de verdad de haber dejado salir a ciertos presos de cierta posición social, que tenía bajo su responsabilidad, como quedó prácticamente demostrado cuando sucedió el famoso crimen de la calle Fuencarral de Madrid. El cruel asesinato de una anciana en esta calle del centro de Madrid, próxima a Gran Vía, cuyo hijo fue el principal sospechoso desde el principio y estaba bajo la tutela de la Cárcel Modelo de Madrid que dirigía el señor Millán Astray.

No fue el único acusado. También y sobre todo la criada de la anciana asesinada fue acusada y también detenida desde principio, por hallarse junto a su señora cuando los propios vecinos se presentaron en la escena del crimen. Estamos hablando de los inicios de la crónica negra en España y de un caso que dividió la política y la sociedad española de su tiempo, con nombres de tanto lustre como Silvela, Sagasta, Galdós y Nicolás Salmerón, que al igual que sus paisanos de entonces se enfrentaron en una durísima polémica sobre si había sido el señorito o la criada o los dos quiénes asesinaron a la pobre mujer. Pero si algo quedó en entredicho fue el prestigio del director de la Cárcel Modelo de Madrid, así como la integridad y funcionalidad del sistema de prisiones español.

Y tampoco quiero destripar aquí el final de esta triste historia, puesto que hay una magnífica película sobre este hecho luctuoso, de la serie La huella del crimen, pero para dejaros con más intriga os diré que la persona que pagó los platos rotos del crimen hizo famosa una misteriosa frase, que pronunció justo antes de morir:

¡Dolores! ¡14.000 duros!

Afortunadamente, las condiciones de trabajo de los funcionarios de prisiones de hoy son muy diferentes, tanto en el trato dispensado a los internos como en el salario y condiciones laborales de los funcionarios de Instituciones Penitenciarias. Una trayectoria favorable en este sentido que conocemos bien, por nuestra dedicación a preparar oposiciones para Prisiones en Cantabria y a nivel nacional.


Policías locales y funcionarios de prisiones en Santander en siglo XIX-XX: palos, latigazos y hacinamiento carcelario


Una de las cosas que más me han impresionado a la hora de investigar las condiciones de vida de nuestros antepasados, de hace solo 100 o 120 años, es la extrema violencia que impregnaba toda la sociedad. En las propias propias dependencias de la Policía Local de Santander, los guardias municipales tenían cuartelillo dos látigos enormes, a los que el poeta Pick calificaba de latigofundios, con los cuales se dedicaban a azotar a mendigos, gamberros y algunos ladrones, los que no cooperaban con ellos en forma de repartición de botines. Una anécdota que resulta todavía más curiosa cuando te enteras de que estos dos látigos tenían nombres de toreros, Frascuelo y Lagartijo, y que se acompañaba de una vara a la que llamaban la señorita torera.

Y es que por aquel entonces no sólo la propia ética profesional de los funcionarios públicos dejaba bastante que desear, sino que sus propios roles estaban entremezclados, y así era que los funcionarios de prisiones en Santander eran los propios guardias municipales que efectuaban las detenciones. Así no era de extrañar que las corruptelas que los policías gestionaban en la calle se hicieran extensivas también a la propia prisión, mal vigilada y con un hacinamiento de la población reclusa que nos puede recordar a las cárceles tercermundistas de hoy en día. Para empezar, porque se juntaba a simples gamberros o chicas que habían hecho alguna travesura con auténticos criminales, también mujeres, que formaban parte del hampa más puro y duro.

El preso más VIP de la cárcel de María Egipciaca de Santander

Hay otra anécdota de corrupción o trato de favor en la cárcel, lo mismo me da, en este caso en el propio sistema penitenciario de Santander. Se trata del paso por nuestra ciudad del conocido como padre de la República de Cuba, el político y poeta José Martí, cuya curiosa historia en la Cárcel de Santander os voy a resumir ahora.

Se trata de un cubano de padres españoles que se apuntó muy pronto en las filas de los independentistas cubanos y por ello fue castigado con el destierro, traído de Cuba junto a otros presos políticos, como se les llamaría hoy, para pagar una pena de cárcel y destierro en la madre patria. Pero era una política penitenciaria muy diferente a la actual, con unas condiciones de vida de los internos y preparación de los funcionarios de prisiones de Cantabria que no tienen nada que ver con las actuales. Sin duda uno de los grandes problemas de la época, el bajo nivel de preparación y salarios de los funcionarios de Instituciones Penitencias en Cantabria.

Un largo viaje que se hacía todavía en barcos de vela, pero ya propulsados por chimeneas de vapor, y en los cuales se traían lo mismo a emigrantes españoles que volvían, soldados que terminaban su servicio en Cuba o los propios presos, disidentes, que eran repartidos por las cárceles de lo que es nuestro Estado actual. Sin embargo, nuestro amigo José Martí apenas pisó la antigua prisión de Santander, que yo sepa, pues ya en el muelle un amigo suyo fue a recogerlo y se hizo cargo de él. Y lo sacó a pasear por Santander y lo llevó a Madrid, sin duda para que se reuniera allí con otras personalidades de su elevado estatus político y cultural.

De todo este tiempo de José Martí en Santander, se llevó una hermosa impresión que plasmó en algunos de sus más lindos versos, para mi gusto los más lindos que nunca se han escrito sobre nuestra preciosa ciudad y sus gentes. Poemas muy bonitos en los cuales se pone en valor las duras condiciones de vida de la mujer de Cantabria, así como sus grandes cualidades personales y su capacidad de trabajo.

Historias de presos y funcionarios de prisiones de Cantabria


Es curioso comparar las condiciones laborales y salariales de los funcionarios de prisiones de entonces con las de ahora, así como las instalaciones de estas épocas con las actuales, aunque ya por entonces era un prestigio social y económico el pertenecer a algún Cuerpo del Estado. Y antes de empezar con algunas anécdotas más propias de nuestra región quería comentar un hecho curioso, tragicómico, que tuvo lugar en el vecino Bilbao. Y es que había allí un preso, condenado a muerte y sin indulto posible, que al enterarse de que todo estaba perdido les dijo a sus guardianes:

Puesto que no hay nada que hacer, tráiganme vino y un chuletón.

Cuesta imaginar que hubo una época en la que en España se condenaba a muerte por lo civil y esto no data sólo del Franquismo, sino que en todas las épocas históricas anteriores a la actual se ejecutó, incluso públicamente, a muchísimos condenados que incluso han pasado a la Historia más conocida por todos. Ahí tenemos por ejemplo a los hermanos Carvajales, que fueron condenados a muerte en un juicio sumarísimo medieval por el rey de Castilla de aquel entonces. Un soberano que luego fue conocido como Fernando IV el Emplazado, porque estos condenados remitieron a este jefe del Estado a comparecer ante otro juicio, el juicio de Dios, en el plazo de 40 días después de su propia ejecución, y así fue que el rey también murió justo a los 40 días.

Condiciones laborales de los funcionarios de prisiones de Cantabria en el siglo XIX

En tiempos más contemporáneos son muchísimos los casos de ejecutados a muerte en España, por el tradicional medio español del garrote vil, qué ha sido utilizado hasta bien entrado el siglo XX. Y aunque ya en el siglo XIX se dejó de ejecutar a la gente en el patíbulo público, para escarmiento de toda la sociedad, pero también para morbo innecesario, lo cierto es que se siguieron realizando ejecuciones, normalmente en las dependencias de las propias cárceles.

Como muestra de la violencia policial que se ejercía contra los detenidos, en la Cárcel de Santander del siglo XIX, emplazada en el antiguo convento de María Egipciaca, os diré que a los que salían de las dependencias policiales los llamaban cara-anchas, por el calibre de los tortazos y golpes que recibían a manos de los policías locales de Santander de aquella época.

Para quien le gusten estos temas y quiera profundizar el conocimiento del Santander de la época de los vapores les remito a mi libro Los cuatro naufragios del Capitán, en el cual se narran historias reales de policías locales de Santander, de entonces, criminales, corruptos otras personas más o menos relacionadas con el hampa, pero también anécdotas reales que reflejan las condiciones de vida de la mujer cántabra y en general del pueblo de Santander del siglo XIX.


La historia de la Cárcel Provincial de Santander



De este tema hablaremos con más detenimiento en próximos artículos, pues mi investigación se ha centrado en los episodios menos conocidos de la historia de las prisiones de Cantabria, pero quiero nombrarla aquí por ser el último Centro Penitenciario de Santander hasta la fecha, construido a principios de la década de los 30 y con casi una centuria de vida. Una prisión que fue muy criticada por los vecinos de la misma, pues a casi nadie le agrada tener un centro de estas características en la puerta de tu casa, y así es que la tendencia es de trasladar los centros penitenciarios fuera de los núcleos urbanos.

Por la parte que me toca, lamento mucho que fuera totalmente derruida sin haberse dejado ni siquiera algún recuerdo de esta mítica prisión, qué ha sido testigo del sufrimiento y de la vida en general de nuestra ciudad en el siglo XX, sobre todo. Y en especial lo lamento porque mi bisabuelo, Gerardo Cervera Zubieta, tuvo una importante participación en la construcción de esta Cárcel Provincial de Santander.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *