Artículo publicado en "TRIBUNA LIBRE", del diario "ALERTA" de Cantabria
Existen muchos mitos y tabúes sobre la existencia y el alcance de las violaciones y sobre sus repercusiones en la vida de las mujeres que han sufrido esta experiencia traumática. La violación es el único delito en el cual se supone que la víctima puede haber disfrutado y sobre el que existe una complicidad social generalizada, que se manifiesta, entre otras formas, en las bromas y el tratamiento ligero.
"La violación es un acto de violencia que tiene en muchos casos repercusiones más serias y duraderas que cualquier otro acto delictivo o criminal". Sin embargo, parece tener una legitimidad y una aprobación sociales de las que carece cualquier otra conducta delictiva. Más aún, a diferencia de todos los demás delitos, muchas veces la víctima es considerada culpable y el criminal es tratado con benevolencia y ligereza.
¿Por qué existe esta reacción social ante las violaciones? ¿Cómo es posible que una sociedad civilizada, democrática tenga esta actitud? Las respuestas se deben buscar en los procesos sociales en los que se enmarcan los casos de violación. Las relaciones entre las mujeres y los hombres y la existencia de normas sociales que regulan la conducta sexual. La definición hecha por nuestra sociedad sobre la situación de las mujeres y la represión de la sexualidad, forman la base para la tolerancia de la violación lo que inevitablemente conduce a su posterior existencia.
La sociedad determina normas sobre lo que está permitido y lo que está prohibido en el acto sexual y en las formas de llegar a él. El sexo puede ser considerado como algo permitido y abierto, cuyo conocimiento se transcribe.
La sexualidad humana sólo responde a la necesidad de reproducción de la especie: También lo es, o puede ser, fuente de placer.
En el contexto de la sociedad patriarcal y de la represión o limitación de la sexualidad es donde hay que situar las violaciones y la tolerancia social que las permite, o por lo menos, no las condena con la misma fuerza que otros actos de violencia.
Respecto a la figura del violador, son conocidos por las víctimas, un amigo, o vecino o un familiar. Nuestros datos muestran que no siempre es verdad que los violadores sean unos maniáticos sexuales. Muchos de ellos son hombres normales, que han intentado mantener relaciones sexuales con una mujer conocida que no ha accedido a ello.
Incapaces de aceptar su rechazo, puesto que consideran que su deseo no puede ser cuestionado fuerzan a la mujer que desean ¿Por qué no hacerlo, si creen que la mujer es un ser jerárquicamente inferior que debe aceptar la autoridad masculina? Para este violador no ha existido violencia en la medida en que piensa que sólo ha forzado un poco las cosas. Es más, no se considera a sí mismo un delincuente callejero.
Las violaciones dejan victimas que hay que comprender y atender, la tolerancia ante este delito no sólo permite que estas víctimas existan, sino que afecta a toda la sociedad y a sus expresiones pluralistas y democráticas.
Pero si la atención a la mujer violada es un objeto prioritario conseguir, el debate público sobre la tolerancia social a las violaciones se hace igualmente necesario. En primer lugar para socorrer a las víctimas y buscar formas de que la mujer pueda defenderse impidiendo que la violación se produzca. Pero también, que una sociedad que tolera la violación nunca será una sociedad verdaderamente humana y democrática.
"Siempre existirá una forma de discriminación que impedirá la consecución del objetivo democrático de igualdad entre los sexos, convertido en la actualidad en un precepto constitucional".
Montserrat Peña Marotías
(en el momento de publicar este artículo era presidenta del Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales de Cantabria, CAVAS)