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IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

CONSPIRACIÓN DE SILENCIO

 

Artículo publicado en "TRIBUNA LIBRE", del diario "ALERTA" de Cantabria el 29 de julio de 2001

El fenómeno del abuso sexual infantil es un problema que lo han padecido desde siempre las niñas y los niños de todas las culturas, y que durante mucho tiempo, y aún hoy, es negado. En los países anglosajones se ha reconocido y abordado desde hace más de diez años. En nuestro país empieza a emerger la toma de conciencia sobre este problema que podemos decir que todavía permanece en gran parte desconocido.

La estigmatización social, la vergüenza, el sentimiento de culpa, la negación, la ocultación, la duda, la banalización, el catastrofismo, el alarmismo, el secreto profesional, mantienen a las víctimas en una conspiración de silencio de la que, en muchos casos, participa el resto de la sociedad y los propios profesionales encargados de la atención al menor que asisten, en silencio, impasibles a este problema.

La sensibilización por parte de los profesionales y asociaciones para la prevención del abuso infantil, la repercusión en los medios de comunicación ante determinados casos, han provocado que en esta década se le haya comenzado a prestar atención como un problema de graves consecuencias individuales y sociales.

El abuso sexual a menores es una forma de maltrato infantil con unas características especiales por los efectos en los menores, las características de los agresores y las circunstancias en que se producen.

Cualquier menor de cualquier edad y clase social puede ser víctima de abusos sexuales que no siempre va a tratarse de un acto físicamente violento, ya que el agresor se puede servir de promesas o amenazas para conseguir sus fines.

Los abusos sexuales adquieren formas en las que no existe contacto físico como la explotación sexual, el turismo sexual con menores, la pornografía infantil, etc.

El abuso sexual provoca problemas psicológicos-emocionales que pueden aparecer inmediatamente después de la agresión, en la adolescencia si se produjeron en la infancia o, incluso en adultos, si no ha recibido ayuda para superarlo.

Cuando un menor es víctima de agresión sexual lo puede comunicar con palabras, pero también puede expresarlo con llamadas de atención muy diversas, como cambios en su conducta o actitud. Siempre lo fundamental es creer al menor, hacerle ver que el único responsable es el agresor, hacer que se sienta seguro y protegido frente al mismo y, por supuesto, poner todos los medios para dar seguridad a la víctima y facilitarle el tratamiento más acorde para cada caso.

La intervención en el abuso sexual infantil también debe incluir ayudar a descubrir los servidores que ofrecen material pornográfico, las redes de prostitución infantil, los operadores de turismo sexual...

La falta de coordinación entre los diferentes profesionales implicados en casos de abuso sexual prolonga innecesariamente la investigación social y criminal, dificulta el tratamiento y la rehabilitación psicológica y hace que la situación, que suele ser confusa para los profesionales, trascienda a la víctima.

Es necesario facilitar un tratamiento integrador que implique a los profesionales de diferentes disciplinas, que la administración sea ágil, eficaz y que dé soluciones, que los órganos judiciales pongan todos los medios necesarios para conseguir una justicia real y efectiva. Nos enfrentamos por tanto a un problema complejo, cuyo abordaje requiere de una intervención multidisciplinar e intersectorial y de la cooperación necesaria de todos los profesionales implicados (servicios sociales, justicia, policía, educación, sanidad, asociaciones no gubernamentales...)

Montserrat Peña Marotías
(en el momento de publicar este artículo era presidenta de CAVAS)

 

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